SABADO 01 DE NOVIEMBRE - VOLVER ATRAS
PAG.312
¿En nombre de quien hablas?
“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes”, afirma el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. Jeremías 29: 11, NVI.
Habían pasado casi diez años desde la primer deportación de Judá a Babilonia. Naturalmente, los cautivos estaban inquietos, los falsos profetas, hablando temerariamente en nombre de Dios. Les aseguraban que el cautiverio seria corto. La situación era grave en el exilio y en Jerusalén. Por eso el profeta les escribió una carta muy clara que puede enseñarnos también buenas lecciones a nosotros. La carta decía:
“Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel, a todos los que he deportado de Jerusalén a Babilonia: “Construyan casa y habítenlas: planten huertos y coman de su fruto. Cásense, y tengan hijos e hijas; y casen a sus hijos e hijas, para que a su vez ellos les den nietos. Multiplíquense allá. Y no disminuyan. Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por allá, porque el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad”. Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel. “No se dejen engañar por los profetas ni por los adivinos que están entre ustedes. No hagan caso de los sueños que ellos tienen. Lo que ellos les profetizan en mi nombre es una mentira. Yo no los he enviado”, afirma el Señor” (Jer. 29: 4-9, NVI).
Si Jeremías nos escribiera una carta hoy, seria parecida a la que les escribió a los deportados de Judá. De ella podemos aprender estas lecciones:
-Se necesita sabiduría divina para vivir en este mundo, trabajando con diligencia para suplir nuestras necesidades, las de la iglesia y las de los demás, y, al mismo tiempo, mantener viva la esperanza del pronto retorno de Jesús. Es buena la meditación, la oración y el retiro espiritual, pero no es sabio quien por esa causa descuida los deberes de padre, esposo y ciudadano.
-No podemos descuidar nuestros deberes de ciudadanos por nuestra devoción. Debemos ayudar a la comunidad a resolver los problemas. Yerra el cristiano que descuida en nombre de la religión la participación en las causas justas y necesarias de la comunidad.
-Debemos además orar por nuestras comunidades, por sus autoridades y por sus problemas. No era fácil orar por Babilonia. Es probable que tampoco sea fácil para nosotros, pero debemos hacerlo. JEREMIAS 29: 1 – 30: 24; 1 CORINTIOS 8: 1 – 9: 27 |